Ha Visitado A Su Pueblo

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Jueves, Diciembre 21 del 2017 

 

Sucede mucho durante la época navideña. 

 

Visitas por aquí, visitas por allá – algunas planeadas, algunas imprevistas – algunas bienvenidas, algunas no tanto – algunas significativas que cambian la vida, otras simplemente no. 

 

Todas estas visitas han traído estas palabras de la historia navideña a mi mente y a mi corazón en estos días: 

 

"Bendito el Señor Dios de Israel, 
Que ha visitado y redimido a su pueblo,  

Y nos levantó un poderoso Salvador 
En la casa de David su siervo... 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, 
Con que nos visitó desde lo alto la aurora,  

Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; 
Para encaminar nuestros pies por camino de paz." 

(Lucas 1:68-69, 78-79) 

 

Este es un hermoso pasaje de las Escrituras tomado de la profecía de Zacarias, un sacerdote del templo y el padre de Juan el Bautista, cuando habló después del nacimiento de su hijo. 

 

El cumplimiento de esta profecía ocurrió hace unos 2000+ años en Belén de Judea, cuando el Dios de Israel, después de 400 años de absoluto silencio, "visitó" a Su pueblo en el nacimiento de Su amado Hijo Jesucristo. 

 

Fue una entrada bastante callada, humanamente hablando. Casi nadie supo que algo había sucedido. Dos padres humildes de Nazaret, algunos pastores cuidando de sus ovejas durante la noche, unos reyes magos de un país del Oriente – ellos sabían. Ellos sabían que Dios había "visitado" a Su pueblo de una manera especial. Y una hueste de seres angelicales quienes descendieron del cielo para alabar y glorificar a Dios, ellos también sabían – aunque ellos sin duda no estaban tan callados. 

 

Pero aparte de ellos, la visitación de Dios sobre la tierra – en el bebé llamado Emanuel en un establo en Belén – fue un evento silencioso. 

 

Y a veces, las visitaciones de Dios son así: calladas, silenciosas, casi desapercibidas. Un suave golpe en la puerta – un esperar a que la puerta se abra desde adentro – una entrada calmada y sin pretensión, una entrada que siempre cambia nuestras vidas y nuestros corazones. 

 

Otras veces, por lo tanto, las visitaciones de Dios irrumpen en nuestras vidas como una bomba detonante.  

 

No muchos años después de la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesucristo al cielo, un hombre llamado Saulo – un ferviente perseguidor judío de la nueva fe cristiana – estaba en camino a Damasco para encontrar discípulos del Camino y llevarlos presos a Jerusalén, sin duda para verlos asesinados allá. Pero de repente, tan inesperadamente, fue "visitado" por Dios: vio un resplandor de luz del cielo que le rodeó - al caer a tierra, escuchó una voz celestial haciéndole una pregunta, haciendo una declaración, dándole instrucciones – y luego, fue enceguecido por tres días. Allí en el camino a Damasco, completamente sin previo aviso, como una bomba explotando en su vida tan bien definida, Saulo fue cambiado para siempre a causa de esa visitación de Dios. 

 

Cuando Dios hace un "visita" - como El me lo ha revelado tan profundamente en estos días, siempre cuando haya venido "el cumplimiento del tiempo" (Gálatas 4:4) - Sus visitas siempre tienen un propósito, un propósito significativo: redimir, salvar, dar luz, dar vida, dar paz.  

 

Cuando Dios visitó a Su pueblo en el bebé Jesús nacido hace 2 milenio...

 

- lo hizo para redimirnos, para comprarnos de vuelta de satanás – porque, aunque originalmente Le pertenecíamos a Dios, satanás nos había arrebatado, declarando falsamente que éramos eternamente suyos – entonces, Dios "visitó" a Su pueblo en Jesús, para que, a través de Jesús, pudiéramos de nuevo, legalmente y para siempre, ser Suyos

 

- lo hizo para ser nuestro poderoso Salvador, nuestro potente Liberador de los decretos de pertenencia y de muerte que satanás había declarado sobre nosotros

 

- lo hizo para "dar luz a los que habitan en tinieblas"

 

- lo hizo para dar vida "a los que habitan... en sombra de muerte"

 

- lo hizo para "encaminar nuestros pies por camino de paz" 

 

Eso es lo que yo necesito. Eso es lo que yo, y tanta gente por la cual estoy orando, desesperadamente necesitamos: una visitación de Dios. 

 

Una visitación que nos redimirá de nuestros pecados y de nuestro egocentrismo. 

 

Una visitación que nos salvará con poder de las circunstancias tan difíciles y abrumadoras en las cuales vivimos. 

 

Una visitación que traerá luz a las tinieblas de nuestras situaciones de vida y de nuestros corazones enfriados. 

 

Una visitación que traerá vida donde nos encontramos sentados en las tristes y desesperanzadoras sombras de la muerte. 

 

Una visitación que encaminará nuestros pies cansados y errantes por caminos de paz.  

 

Lo increíble de semejante visitación de Dios es que no depende de nosotros – no puede depender de nosotros. Si dependiera de nosotros, nunca sucedería. Las visitaciones de Dios, así como la aurora que nos visita de lo alto, son simplemente y únicamente "por la entrañable misericordia de nuestro Dios".  

 

¿No es una hermosa expresión ésa: "por la entrañable misericordia de nuestro Dios"? Es por Su profundo amor y bondad, por Su corazón compasivo y solícito para con nosotros, que Él nos visita de lo alto. No porque lo merecemos – no porque nos lo hemos ganado. Simplemente y únicamente es porque Dios, nuestro Dios, es un Dios de entrañable misericordia. 

 

Entonces, querid@ amig@: al estarte preparando para tus muchas o tus pocas visitas en esta Navidad - más que todo, pide y prepárate para una "visita" celestial de redención y salvación, de luz y de vida y de paz desde lo alto. Cuando haya venido el cumplimiento del tiempo, y por Su entrañable misericordia, Dios sin duda alguna vendrá a tu vida y a tu corazón – te visitará exactamente cuándo y precisamente cómo tú lo necesitas y como tú anhelas que lo haga!



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