Galatas 3:16

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Lunes, Agosto 7 del 2017

 

Fue un poco ilegal lo que hice.

 

Porque si uno obedece al pie de la letra las leyes internacionales de las aerolíneas, nunca debería haberlos traído de un país al otro. Pero los camuflé en un recipiente plástico como parte de mi almuerzo casero, y así pasaron por muchos chequeos y muchos rayos X en diferentes aeropuertos, hasta por fin llegar a la mesa de mi casa en Colombia sin ningún problema alguno.

 

Estoy hablando de un durazno y unas ciruelas que traje conmigo desde el Canadá hace unos días. Nunca alcancé comerlos en el camino, entonces pude compartirlos con mi familia en Colombia – y ahora tengo una semilla de durazno y varias semillas de ciruelas para plantar y ojalá ver crecer en unos arboles aquí en Colombia.

 

Como dije, fue un poco ilegal lo que hice: porque frutas y semillas de verdad no deberían cruzar fronteras internacionales. Pero, supongo que un solo durazno y unas pocas ciruelas cruzando de Norteamérica a Suramérica en un almuerzo casero no logran preocupar o causar problemas para las aerolíneas. Entonces, ahora los puedo disfrutar a miles de kilómetros de donde los compré – y en unos años, quizás también podré disfrutar muchos duraznos y muchas ciruelas de los árboles que habrán crecido de las semillas que planté.

 

Desde luego cuando leí Gálatas 3:16 esta semana, el siguiente versículo 3:16 de LA SERIE 3:16 de unas reflexiones que estoy escribiendo, las palabras me hablaron: porque el apóstol Pablo quien las escribió también estaba hablando de “semillas” y de una “semilla” en particular. Una “semilla” mucho más importante que mis semillas de durazno y ciruela. Una “semilla” que también “viajó” en el espacio y en el tiempo para ser una bendición para muchos.

 

“Ahora bien,

a Abraham fueron hechas las promesas,

y a su simiente.

No dice: Y a las simientes,

como si hablase de muchos,

sino como de uno:

Y a tu simiente,

la cual es Cristo.”

(Gálatas 3:16)

 

Palabras poderosas, de verdad – pero solo si se miran y se entienden en sus contextos históricos e inmediatos.

 

¿Cuáles promesas? ¿Dadas por quién? ¿Quién es Abraham? ¿Y qué significan las palabras “simiente” y “simientes”?

 

Abraham fue el primero de los patriarcas del Antiguo Testamento, nacido alrededor del año 2000 a.C. – un hombre de la ciudad pagana de Harán, una ciudad cuyas ruinas se encuentran en la Turquía de hoy. Un día cuando tenia 75 años, fue llamado por Dios para dejar a su país y su parentela y la casa de su padre, y para ir a un lugar en la tierra de Canaán donde Dios mismo lo llevaría y lo bendeciría.

 

“Y haré de ti una nación grande,

y te bendeciré,

y engrandeceré tu nombre,

y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren,

y a los que te maldijeren maldeciré;

y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

(Génesis 12:2-3)

 

Unos 40 años después de que Dios pronunciara estas promesas a Abraham, Dios probó la fe de Abraham al pedirle que Le sacrificara su único hijo Isaac a quien amaba en holocausto a El. Justo antes de que Abraham iba a degollar a su hijo…

 

“… el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo:

“Abraham, Abraham…

No extiendas tu mano sobre el muchacho,

ni le hagas nada;

porque ya conozco que temes a Dios,

por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.”

Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,

y dijo:

Por mi mismo he jurado, dice Jehová,

que por cuanto has hecho esto,

y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;

de cierto te bendeciré,

y multiplicaré tu descendencia

como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;

y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra,

por cuanto obedeciste a mi voz.”

(Génesis 22:11-12, 15-18)

 

Entonces, ¿cuáles fueron las promesas que Dios le habló al patriarca Abraham?

- que de él, siendo un solo hombre, saldría una nación grande, cuya descendencia seria como las estrellas del cielo y como la arena a la orilla del mar

- que Dios de cierto lo bendeciría

- que Dios engrandecería su nombre

- que a través de su simiente todas las naciones y todas las familias de la tierra serían bendecidas

 

Esa última promesa, dada a Abraham y refiriéndose a uno de sus descendientes o una sola simiente y no a muchos ni a todos, es la promesa mencionada en Gálatas 3:16 – porque en este versículo Dios no estaba hablando de toda la descendencia de Abraham como tal, más bien de un descendiente en particular, una simiente especial, una sola persona “la cual es Cristo”.

 

“Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham

alcanzase a los gentiles [así como a los judíos]…”

(Gálatas 3:14)

 

Es Jesucristo, ese único descendiente, esa única simiente de Abraham, quien es la bendición para todas las naciones y para todos los pueblos. Por Su nacimiento y vida, Su muerte y Su resurrección, todos los que creen en El son bendecidos: bendecidos con perdón, con salvación y con vida eterna.

 

“Ya no hay judío ni griego;

no hay esclavo ni libre;

no hay varón ni mujer;

porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y si vosotros sois de Cristo,

ciertamente linaje de Abraham sois,

y herederos según la promesa.”

(Gálatas 3:28-29)

 

Querid@ amig@: solo asegúrate que eres “de Cristo”, y que Le perteneces a El! Entonces tú también serás hereder@ de las promesas dadas a Abraham a través de El!



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